Definitivamente hay cosas que no nos gusta pensar y que sustituimos por fantasías. Si yo contara las veces que mis abuelitos, mis papas y mis tíos dijeron: “póngalo por escrito para evitar malos entendidos” (frase célebre ancestral) les dijera que son innumerables las veces, incluso las que yo misma he repetido -cual lorito- la misma expresión.Aunque a veces -como también dice mi papá- es de caballeros y damas dar su palabra como un documento, es un verdadero riesgo que la palabra (o acuerdos) estén por allí sujetos a enfermarse o a ser víctima del hampa común o un accidente o una situación desesperada. ¿No es cierto que tus documentos de valor no los tienes por allí paseando para todos lados? algunos los guardamos en bóvedas o archivos con llave ¿o no? Y no se trata de dudar de la nobleza y de la palabra de tu gente se trata de aceptar que esa gente tiene sangre en las venas y es falible como cualquiera nosotros lo es.
Hoy me toca escribir sobre un tema de esos que a mi particularmente no me encantan, porque sé que soy muy pero muy fantasiosa y confiada. También porque soy confiable y bien intencionada, por lo tanto asumo que todos son como yo y la verdad lo creo, creo que todos somos bien intencionados y que todos -al igual que yo- hacemos lo mejor que podemos con los recursos que contamos, sin embargo, el desoír y desoírnos con cosas tan básicas como poner por escrito los acuerdos es sobreestimarnos, esperar demasiado de todos y de nosotros mismos, incluso descuidar la integridad de otros y de nosotros mismos, cosa no muy amorosa ni práctica, por cierto.
Cuidarnos, se trata de cuidarnos y cuidar a los demás. Siento que eso es el meollo de la ética y que por eso las leyes existen. Lo cierto es que, en la práctica nos encontramos alardeando de que somos o hacemos lo correcto y lo legal, para luego caigamos en consentir en cosas que parecieran inocentes pero que son de alto potencial dañino para alguien y a la larga aprendemos con dolor que lo son y mucho. Consentimos basado en el amor y la confianza a poner en riesgo a nuestros socios de vida (la familia) a nuestros socios de trabajo (clientes y proveedores) a nuestros socios de entorno (amigos, vecinos, escuela, comunidad, país, mundo) al no registrar los acuerdos por escrito.
Abusamos y/o permitimos abusos todo el tiempo por temor a confrontar nuestros derechos. Pensamos que la única forma de confrontar es agrediendo y la verdad podemos confrontar asertivamente sin tener que llegar a agredirnos ni sentirnos agredidos porque se nos demande lo propio.
Muchas veces somos muy precarios al negociar, cayendo en provocaciones de quienes nos oprimen para evadir responsabilidades o manipulando a otros para que nos presten atención y nos otorguen lo que es debido por derecho, degenerando las relaciones y derrumbando asociaciones por la vía del agotamiento y del cansancio, contrario a la tendencia de asociarnos y fortalecer esos lazos para aprender y prosperar.
Los abusadores se hacen cuando el abusado lo permite, no se trata de culpar a nadie, solo de darnos cuenta que entre adultos con plenas capacidades, es tonto hablar de culpables, manipulaciones y engaños.
Se trata de decir, “ya basta” antes de que sea demasiado tarde y se pierda lo realmente importante que es la posibilidad de estar en contacto con tus socios, sea que ese socio sea tu pareja, tu familia, tus amigos, tus compañeros, tus proveedores, tus clientes, tus vecinos, tu comunidad, tu organización, tu país. Se trata de cuidar lo que hace posible que la gente haga cosas grandes e importantes, la posibilidad de estar juntos como seres humanos gregarios que somos.
Cuidarnos es la propuesta, para eso existen los contratos escritos y los abogados, no solo para demandar y destruir sino para evitar dañar y dañarnos a nosotros mismos.
María Mercedes Gómez





